Piazzolla: Los años del tiburón

      En el final de The Man Who Shot Liberty Valance, de John Ford, cuando se revela la verdad que atañe al personaje de James Stewart, suena una frase que es todo un principio literario: "Cuando la leyenda se convierte en un hecho, imprima la leyenda".

       Algo de eso hay en este gran trabajo de Daniel Rosenfeld, que le ha dado a Astor Piazzolla la dimensión cinematográfica que merecía hace tiempo. A una buena cantidad de archivos familiares nunca vistos, los entrelazó con testimonios inéditos del propio Astor grabados por su hija Diana y la afectuosa catársis de su hijo Daniel, ubicado en un improbable altillo donde amores y desamores se van encadenando con el ritmo de un bordado.

    Hay verdades difíciles de digerir y hay leyendas románticas, sopesadas como para que ninguna invalide a la otra; hay dolores de una década y genialidades eternas; hay arrebato y hay poesía; hay prodigios rescatados. Pero en todo momento, más que el artista, está el hombre desafiando al tiburón, midiéndose con ese depredador difícil de igualar.

      Metáfora de elección de vida, de público que no entendió, de tangueros que no tuvieron paciencia o simplemente, el propio reflejo de ese "animal" que se alimentaba de música con una pasión incomprendida, intransigente, como la de su codiciada presa.

     Un viaje visual y evocativo hacia el centro de la vida y la música de Ástor Piazzolla, con material inédito del músico en su intimidad. “Piazzolla: Los años del tiburón” será la primera película sobre Ástor que cuenta con la autorización y colaboración de la familia del músico, y por ello con archivos nunca antes vistos.

Jorge Vaccaro

 9/2018

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