Sabina, siempre fiel a sí mismo

 Sabina

     El morbo de algunos los llevó a esperar la salida del disco para confirmar lo que miserablemente deseaban: el derrumbe de un genio. 

   Los escépticos comenzaron a escuchar cada tema con desconfianza, no fuera cosa que alguno superara o igualara la calidad de tantas canciones bellísimas, imborrables, que se acumulan en un repertorio que pocos artistas pueden ostentar.

    Un tercer grupo de los que admiramos su obra nos asomamos a este trabajo musical con curiosidad y, también, con ese miedo que genera pensar que los vendedores de catástrofes pudieran tener razón esta vez.

    Pero no. El Flaco de Úbeda lo volvió a hacer. Sacó de su chistera un disco de antología: nuevas canciones para revalidar pergaminos que parecían inalcanzables y, además, para cautivar audiencias vírgenes de todo vestigio sabiniano.

     Lo niego todo es un disco maduro, equilibrado, pensado y sentido con el corazón. A los 68 años rondan por la cabeza temas como la edad, la muerte, la presencia y la ausencia (forzosa) de los amigos, el amor, la esperanza, la desesperanza y también el orgullo de haber sido lo que se es.

     Se derrumba es el mundo, no Joaquín. Él está para narrarlo: “Si me tocó bailar con la más fea, viví para cantarlo”, espeta con una rebeldía que hoy su sabiduría poética tiñe más de calidez que de desafío. “Ni soy un libro abierto ni quien tú te imaginas, lloro con las más cursis películas de amor”, confiesa derribando el mito, haciéndose cargo de que  tampoco es “cantante de orquesta ni el Dylan español”.

    Melancólico y vital como siempre, renovado (hay toques de folk, reggae, flamenco, blues, rock y qué se yo cuántos estilos más), e impecablemente atado a una poesía de enorme vuelo, de profundas resonancias, este puñado de extraordinarias canciones seguramente se escribieron a lo largo de una vida para nada ordinaria. Quizás en  una sórdida pensión de Leningrado, en un sótano de su amada Madrid, o entre las penumbras de burdeles variopintos.

     Joaquín Sabina no está de vuelta. Regresó a los estudios para regalarnos una obra mayor, exquisita, a la altura de las mejores de su extensa carrera. 

     Su portentosa figura artística, con la poca voz que él mismo reconoce que le queda, alcanza y sobra para tronar  en esta época en la que “sobran lunes por la tarde, faltan novios en los cines”, o en la que “la revolución tenía un talón de Aquiles al portador, y flotando entre las ruinas enviudó una golondrina en mi balcón”.

     ¡Bravo, Joaquín! Lo volviste a hacer. Aunque lo niegues todo. Incluso la verdad.

 

CARLOS ALGERI

(*) Escritor y periodista. Su reciente novela Cualquiera puede ser héroe (Agebooks, 2017, 262 páginas) se encuentra en venta en Amazon.

 

LO NIEGO TODO: 

https://youtu.be/ToSbLQKqkPA

 

9/2017